Nos hemos puesto nostálgicas…. Hace justo un año vivimos una experiencia muy positiva de intercooperación, entre tres entidades de la Economía Social y Solidaria, lo cual, aunque se habla mucho en este contexto, no es tan habitual como nos gustaría y, cuando se da, no siempre resulta todo lo satisfactoria que se espera.
Esta aventura, como las buenas historias, empiezó con una idea atrevida pensada por buena gente. Vaya por delante nuestro más sincero agradecimiento a Coop57 por el valor de haber escogido este camino, siendo coherente con cómo quieren hacer las cosas, y por la confianza depositada en nosotras durante todo el proceso.
Era verano, mediados de julio de 2022, cuando Coop57 nos propuso a La Caracola (Asturias), Vector5 (Cataluña) y La Bezindalla (Aragón), el reto de intercooperar para diseñar y facilitar el proceso de reflexión colectiva iniciado en la cooperativa, llamado “Horizontes 2022”.
Sí, fue la respuesta unánime de las tres entidades. Por la confianza en quien nos hacía el encargo, Coop57, y en las personas que nos transmitieron la propuesta: Rober, Macarena y Raimon. Aparte de que nos gustan los retos y éste era uno muy estimulante.
Poco después del rotundo sí, surgieron dudas, ¡todas las del mundo! ¿Quiénes son las otras entidades?, ¿cómo trabajan?, ¿con qué personas vamos a trabajar?, ¿nos entenderemos?, ¿seremos capaces de superar el reto y realizar el encargo?,… Si ya es complejo diseñar un proceso colectivo que permita la participación de mucha gente, en siete CCAA diferentes, combinando participación presencial y virtual, … añadirle todas estas incertidumbres, no hacía más que aumentar la complejidad.
La propuesta consistía en diseñar la metodologíaque favorecieron la reflexión acerca de las claves estratégicas de la cooperativa en el futuro cercano, primero en los siete territorios del Estado Español que forman parte de Coop57 y culminando en un encuentro interterritorial en Barcelona en el mes de noviembre. El objetivo era facilitar que el proceso de reflexión interna que estaba viviendo la cooperativa fuese lo más participativo posible, que todas las personas se sintiesen escuchadas y tenidas en cuenta. Este objetivo, el cual siempre es un reto, se magnificaba al tener en cuenta la distancia, los miedos e incertidumbres de muchas personas que debían ponerse en el papel de facilitadora en su territorio y la diversidad de realidades con las que nos encontrábamos. Finalmente participaron más de 250 personas en todo el territorio!

¡Y allá que fuimos! conscientes de la dificultad, con todas las ganas e ilusión para estar a la altura del encargo. Ésta es probablemente una de las claves del éxito, pero hubo otras.
Pensamos que, sin pretenderlo ni ser conscientes, fuimos una incubadora de cómo intercooperar, y queremos compartir las conclusiones que extraímos de este precioso proyecto, a modo de aprendizajes, sobre algunas de las habilidades o aspectos necesarios paraintercooperar satisfactoriamente:
- La complicidad. Los grupos, los equipos, los formamos las personas, al margen de las organizaciones o entidades. Durante todo el proceso, las tres personas del equipo, nos dimos espacios y tiempo para conocernos. A pesar de nuestras diferencias y diversidad (perfiles técnicos, culturales, edades, género,…) haber sido capaces de congeniar y tener afinidad, en definitiva de construir complicidades, fue lo que facilitó que este equipo de tres funcionara tan bien.
- La profesionalidad. En ese conocernos, fuimos descubriendo a las profesionales detrás de las personas. Reconocer sus habilidades y experiencia en facilitación, capacidades y fortalezas, contribuyó a generar confianza en el equipo. Esa confianza fue creciendo conforme trabajábamos juntas y fue esencial en el momento del encuentro interterritorial de Barcelona (11 y 12 de noviembre), porque fue allí donde nos vimos en persona por primera vez! después de haber preparado todo el proceso durante 5 meses en virtual.
- Escucha y acallar egos. Diseñar procesos colectivos es complejo en sí mismo. Requiere de escuchar atentamente lo que se quiere conseguir con el proceso y, con una alta dosis de creatividad, proponer diferentes acciones que permitan a las personas extraer todo lo que piensan respecto al tema para, después, compartirlo, reflexionarlo y construir nuevas propuestas junto a otras personas. No hubiéramos podido llevar a cabo este proceso de construcción colectiva, sin una actitud de apertura, flexibilidad y de aparcar los egos, ante diferentes ideas y propuestas de las otras.
Esto nos permitió atrevernos a pedir ayuda al resto cuando algo no estaba funcionando o no se llegaba a poder realizar alguna tarea.
- Los cuidados. Los cuidados estuvieron presentes en todo lo que hicimos. Cuidamos tanto la relación entre las personas que íbamos a formar el equipo como el proceso de trabajo que teníamos entre manos. Desde algo tan simple como empezar todas las reuniones con un sincero ¿cómo estás? (check-in, en argot de facilitación), hasta la realización de los distintos materiales que utilizados en todo momento, un trabajo muy artesanal. Hicimos cosas que no estaban previstas por ese cuidado, por escuchar el proceso, como fueron las sesiones de formación y los materiales para las personas que iban a dinamizar las sesiones territoriales.
- El compromiso. Con todo el proceso y con el equipo, traducido en implicación en las tareas, en dedicarle tiempo a este proyecto, en consensuar ideas,… Los tiempos se alargaron, lo que nos supuso tener que invertir muchas más horas de las previstas. Sin un alto compromiso no lo hubiésemos podido sostener.
Este trabajo artesanal del qué hablamos se notó en los resultados. Invertimos más tiempo del que valoramos inicialmente por la complejidad del proceso y porque la intercooperación lo requería, pero eso nos llevó a obtener un resultado mucho mejor. De hecho fue mucho mejor que lo que cada una de nosotras hubiera hecho por sí misma, y fue mucho más que la suma de lo que las tres personas hemos aportado. En el mundo de la participación, de la facilitación, de acompañar procesos, los tiempos dedicados a ello y la calidez humana con la que se acompañan hacen que, no solo, haya satisfacción con los resultados, sino que en este camino, las personas se hayan sentido parte del proceso.
Por último, contaros que también este texto se escribió entre las tres. Mientras lo hacíamos descubrimos que para las tres éste ha fue uno de los proyectos del año, porque lo hicimos con cariño y es con el que más disfrutamos el año pasado. Hasta el punto que en La Benzindalla decimos “cómo lo de Coop57”cuando hablamos de la conexión y el buen trabajo con otras, materiales y soportes de trabajo de alto nivel, relaciones de respeto y aprendizaje mutuo en el trabajo, procesos de construcción colectiva complejos y satisfactorios por lo bien atendidos y cuidados y por el resultado obtenido con metodologías acertadas… y porque este proyecto es de esos que te dejan la mochila llena de cosas y personas que merecen la pena, como Brais Padín y Marta Souto.

