Derechos a Capazos: Acto de cierre Derechos a Capazos

Nos cuesta creerlo, pero ya han pasado casi 11 meses desde que echamos a andar con Derechos a Capazos. El pasado día 12 de noviembre celebramos el acto de cierre del proyecto, entre las 19:00 y las 20:30 horas en el salón de actos del Centro Cívico Manuel Vázquez Guardiola en el barrio Oliver. Ese día recordamos el proceso vivido gracias al apoyo de Oxfam Intermón a través de Tejiendo Derechos y la financiación de la Unión Europea con su Programa Ciudadanía, Democracia, Derechos y Valores.

Para La Bezindalla este proyecto ha sido un encuentro, un encuentro entre miradas, historias y maneras distintas de entender la vida en común. Hemos hablado de derechos humanos, pero también hemos hablado de nosotras y nosotros: de lo que nos preocupa, de lo que nos une, de lo que soñamos para el barrio Oliver y para la ciudad de Zaragoza. Porque hablar de derechos humanos es hablar de vida, de dignidad y de cuidado; es hablar de lo que somos y de lo que queremos seguir construyendo juntas y juntos.

Jornada Final Derechos a capazos

Hemos mirado el mundo con otros ojos, más atentos, más conscientes. Hemos escuchado voces que a veces quedan en los márgenes, hemos aprendido que detrás de cada derecho hay una historia, un rostro, un sueño.

Por eso no celebramos un final, sino un camino recorrido: con pequeños descubrimientos, conversaciones que removieron, preguntas que quedaron abiertas. Un acto para reconocer lo compartido, agradecer la presencia de cada persona que ha puesto su tiempo, su voz y su corazón. Y para invitar a seguir tejiendo comunidad, a seguir mirando el mundo con esos ojos más humanos y esperanzados.

Porque los derechos humanos no son una meta lejana, comienzan aquí, donde nos reconocemos como parte de un mismo nosotros.

“Derechos a Capazos” nació con una idea muy clara: hablar de Derechos Humanos desde la vida cotidiana, desde las conversaciones de barrio, desde lo que nos pasa cada día.

Lo hicimos también desde la convicción de que los derechos no son de quien se los gana, ni se heredan por haber nacido en un lugar u otro, sino que son de todas las personas, por el hecho de ser humanas.

En un momento social en el que los derechos universales se ponen en duda, y a veces se confunden con privilegios, sentimos la necesidad de abrir un espacio que recordara que los derechos son de todas las personas, y que los derechos no se conceden ni se piden por favor; se ejercen, se defienden y se comparten.

Y decidimos hacerlo en nuestro territorio de referencia, el Barrio Oliver, un barrio diverso, joven, vivo, atravesado por una gran riqueza social, pero también por desigualdades que se hacen visibles en lo social, en lo urbano, en lo económico y en lo cultural.

Un proyecto en el barrio, con el barrio y para el barrio. Desde dentro, con sus voces, sus preguntas, sus realidades y sus sueños. Por eso, Derechos a Capazos ha sido, sobre todo, un proceso comunitario. Una experiencia que ha unido a vecinas y vecinos del barrio Oliver, a su tejido social y asociativo, a profesionales, a jóvenes, a personas mayores, a quienes llegaron hace años y a quienes acaban de llegar. Aunque también a personas y profesionales de otros barrios de la ciudad que han venido a sumar.

A lo largo de estos meses hemos cogido seis capazos que han sido seis espacios de encuentro y conversación para parar a pensar y reflexionar sobre seis derechos fundamentales: la protección social, la justicia climática, la igualdad de género y la diversidad, la movilidad humana, los cuidados y el empleo digno en un tejido productivo justo.

Jornada Final Derechos a capazos

Y lo importante ha sido el cómo. Hemos trabajado desde una metodología muy sencilla y a la vez muy poderosa: la conversación. Nos hemos sentado a hablar, a escucharnos, a reconocernos. A compartir experiencias, miedos, deseos, enfados, ideas. Un capazo como el que podemos coger en la calle, pero aquí lo hemos hecho con intención, con la intención de ponerle fondo a esas charradicas, de mirar más allá de nuestras rutinas y descubrir que detrás de cada historia personal, hay también un derecho que defender.

Nos fijamos en la metodología de los diálogos improbables, porque para esas conversaciones quisimos encontrar a personas que, de otra forma, quizás no lo hubieran hecho, y mucho menos para hablar de derechos humanos. En cada capazo incluimos otros elementos metodológicos que nos ayudaron a provocar esos diálogos improbables entre personas que trabajan en instituciones con quienes reciben sus servicios; jóvenes con personas mayores; mujeres con hombres; vecinas de toda la vida con quienes apenas acaban de aterrizar en el barrio… Esas mezclas son las que han hecho de Derechos a Capazos algo especial.

Como ya hemos nombrado, el barrio Oliver ha sido el gran protagonista. Su gente, su red asociativa, sus centros educativos, sus colectivos y entidades. Desde el principio se implicaron en cada propuesta, abriendo sus espacios, cediendo su tiempo, colaborando con ilusión. Hemos visto cómo un barrio con una historia de luchas y desigualdades sigue siendo, sobre todo, un barrio con capacidad de seguir trabajando y de esperanza.

También hemos contado con personas expertas que nos han acompañado, aportando perspectivas que nos ayudaron a mirar más lejos. Ellas han puesto marco y contexto, aunque el verdadero aprendizaje llegó cuando las voces se mezclaron, cuando la experiencia de vida se encontró con el conocimiento técnico. Porque si algo sabemos bien, es que el conocimiento también se construye en comunidad.

En los seis encuentros hemos reflexionado, y hemos sentido. Hemos hablado de la importancia de defender los derechos conquistados, para que no se conviertan en privilegios.

Hablamos de la necesidad de una protección social que no dependa de la suerte ni del presupuesto, sino del reconocimiento de la dignidad de cada persona.

Se puso de manifiesto que la crisis climática es también una crisis de derechos humanos, por eso, la justicia climática es cosa de los gobiernos, pero también de las pequeñas acciones locales, de los barrios: de cómo nos movemos, de cómo consumimos y de cómo cuidamos el entorno.

Hemos mirado a la igualdad de género y la diversidad no como algo que se reivindica un día, sino como algo que se construye cada día en los patios, en las escuelas, en las familias, en las calles… porque la educación y la visibilidad son herramientas esenciales para construir igualdad y respeto.

Hemos escuchado historias de movilidad humana que nos recuerdan que migrar no es una amenaza, sino un derecho y, muchas veces, un acto de valentía. También, que la inclusión real empieza en la mirada, en cómo nos reconocemos como parte de una misma comunidad.

Hemos puesto en valor el derecho a los cuidados, los que damos, los que recibimos y los que nos debemos. Los cuidados son una forma de sostener la vida, de ahí, la necesidad de redes vecinales, de corresponsabilidad y de cuidar también a quienes cuidan. Y porque el autocuidado no es egoísmo, sino la base para sostener el cuidado colectivo.

Y finalmente, hablamos de empleo digno: del deseo de trabajar sin perder la salud, sin perder la vida, sin perder la dignidad. De la necesidad de un tejido productivo justo, que ponga a las personas en el centro.

En todos estos capazos han surgido propuestas, compromisos, deseos y sueños. Pero, sobre todo, ha surgido una forma de estar juntas. Una manera de participar que no busca solo resultados, sino vínculos. Que pone la escucha y la empatía en el centro.

Este ha sido un proyecto de aprendizaje compartido, pero también de transformación. Con muchas personas implicadas directa o indirectamente, de edades y procedencias distintas, que han ido tejiendo, capazo a capazo, comunidad. Una comunidad que ha sabido mirarse con otros ojos, reconocerse, y pensar qué puede hacer para que los derechos no sean una aspiración, sino una realidad.

Más de 350 participantes entre adultas/os, niñas, niños y adolescentes. 30 entidades implicadas, no solo del barrio, sino de toda la ciudad. La Universidad de Zaragoza, haciendo un seguimiento de cómo aplicamos el enfoque de género en los capazos… Y entre todas, se han pensado 76 acciones que podemos hacer la propia ciudadanía para mejorar el cumplimiento de los DDHH y 85 peticiones dirigidas a las personas responsables de hacer y ejecutar las políticas públicas.

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Como veis, Derechos a Capazos ha dejado muchas cosas: conversaciones, propuestas, materiales, una exposición… pero sobre todo deja una certeza: que cuando la gente se reúne, habla y se escucha, los derechos se vuelven visibles.

Sigamos pues, caminando con la certeza de que cada paso cuenta. Y que donde hay personas que se encuentran desde la empatía y la justicia, los derechos humanos se hacen realidad.

Esta actividad está financiada por el proyecto Tejiendo Derechos (WakeUpRights) financiado por la Unión Europea y Oxfam Intermón en el marco del Programa Ciudadanía, Igualdad, Derechos y Valores (CERV) de la Unión Europea. Las opiniones y puntos de vista expresados solo comprometen a sus autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea, ni de la EACEA, ni los de Oxfam Intermón, por lo que ni la Unión Europea, ni la EACEA, ni Oxfam Intermón pueden ser considerados responsables de ellos.